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La depresión deja huellas visibles en el cerebro y una tecnología está aprendiendo a leerlas

El investigador de la UDLA José Eduardo León Rojas publica en International Journal of Molecular Sciences una revisión narrativa sobre el uso de la tomografía por emisión de positrones (PET) para identificar cambios biológicos en el cerebro asociados a la depresión, con participación de estudiantes de la UDLA y colaboración con University College Dublin y Universidad Espíritu Santo.

La depresión no es solo tristeza. Es un trastorno que altera el funcionamiento del cerebro de formas concretas y medibles — cambios en el metabolismo de la glucosa, en los sistemas de neurotransmisores, en los niveles de inflamación y en el flujo sanguíneo cerebral. Y una tecnología está empezando a revelarlos con una precisión sin precedentes.

El investigador de la Universidad de Las Américas José Eduardo León Rojas, en colaboración con la University College Dublin y la Universidad Espíritu Santo, publicó en el International Journal of Molecular Sciences una revisión que integra evidencia sobre cómo la tomografía por emisión de positrones — conocida como PET — puede identificar biomarcadores biológicos asociados a la depresión. En el equipo participaron los estudiantes de la UDLA Gabriela González de Armas y José Ignacio Montenegro Galarza.

Qué ve el PET que otros estudios no pueden ver

El PET es una técnica de imagen médica que permite observar el funcionamiento del cerebro en tiempo real — no solo su estructura, sino su actividad metabólica, química e inflamatoria.

La revisión analiza cuatro dimensiones clave que el PET puede medir en pacientes con depresión: el metabolismo cerebral de glucosa, los sistemas de neurotransmisores como serotonina, dopamina y noradrenalina, las señales de inflamación y la perfusión cerebral. En conjunto, los hallazgos muestran patrones consistentes de alteraciones en regiones como la corteza prefrontal y el cíngulo anterior — áreas directamente relacionadas con la regulación emocional.

Hacia una psiquiatría más personalizada

El hallazgo más prometedor es que estos biomarcadores podrían usarse en el futuro para predecir cómo responderá un paciente específico a un tratamiento determinado. En lugar de probar antidepresivos hasta encontrar el que funciona, los médicos podrían orientar el tratamiento desde el inicio basándose en el perfil biológico del cerebro de cada persona.

Para Ecuador y América Latina, donde el diagnóstico y tratamiento de la depresión siguen siendo insuficientes y donde el acceso a atención psiquiátrica especializada es limitado, este tipo de investigación abre una puerta hacia una psiquiatría más precisa, más eficiente y más justa.

Lee la publicación completa: https://doi.org/10.3390/ijms27031267

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