Cristina Almeida, investigadora de la Universidad de Las Américas, convirtió uno de los residuos más ignorados de la industria maderera en dos recursos valiosos al mismo tiempo: energía renovable y un material capaz de limpiar el agua de contaminantes farmacéuticos.
El aserrín no vale nada. O al menos eso es lo que asume la industria maderera, que lo descarta o lo quema. Cristina Almeida, investigadora de la UDLA, decidió preguntarse qué pasaría si en lugar de eliminarlo, se lo transformaba.
La respuesta llegó en forma de un proceso llamado gasificación: calentar el aserrín sin quemarlo directamente produce dos cosas al mismo tiempo. Primero, un gas combustible con valor energético llamado syngas. Segundo, un material sólido y poroso llamado biochar — que en este estudio se reutilizó directamente para eliminar del agua un antidepresivo llamado sertralina, uno de los contaminantes farmacéuticos más comunes en ríos y fuentes de agua del mundo.
Lo notable no es solo que funciona. Es que funciona sin tratamientos químicos adicionales. El biochar que sale del proceso entra directo al agua y remueve hasta 51,95 mg de sertralina por gramo. El syngas, por su parte, recuperó aproximadamente el 84% de la energía cuantificada. Un residuo. Dos soluciones. Cero pasos intermedios.
En América Latina, donde los residuos lignocelulósicos abundan y la contaminación farmacéutica de fuentes de agua es un problema creciente y poco regulado, este tipo de tecnología de bajo costo puede tener aplicaciones concretas y accesibles.
El trabajo fue desarrollado junto a la Universidad de Maringá en Brasil y la Escuela Politécnica de Chimborazo. Está publicado en Biomass and Bioenergy. Lo que queda pendiente es más interesante que lo que ya se resolvió: escalar esto a nivel industrial.
Lee la investigación completa: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0961953426007981


