La investigadora de la UDLA Paula Hidalgo Andrade publica en Public Health Reviews una revisión sistemática sobre el lugar de muerte de personas con enfermedades crónicas en 12 países de América Latina, en colaboración con instituciones de Colombia, Brasil, Alemania y Estados Unidos.
¿Dónde muere la gente? La pregunta parece simple, pero la respuesta revela todo sobre la calidad del sistema de salud de un país.
La investigadora de la Universidad de Las Américas Paula Hidalgo Andrade, en colaboración con el Hospital Universitario de la Fundación Santa Fe de Bogotá, la Universidad de Los Andes, el Hospital de Cáncer de Barretos en Brasil, la Uniklinik RWTH Aachen en Alemania y la Asociación Internacional de Cuidados Paliativos y Hospicios, publicó en Public Health Reviews una revisión sistemática que analiza dónde fallecen las personas con enfermedades crónicas en América Latina y qué factores determinan ese lugar.
Una pregunta que importa más de lo que parece
El lugar donde una persona muere no es un dato menor. Es un indicador directo de la calidad de la atención al final de la vida y refleja las condiciones del sistema de salud de cada país — su infraestructura, sus recursos y sus valores culturales.
El estudio analizó datos de 12 países de la región e identificó patrones claros sobre dónde fallecen las personas con enfermedades crónicas, qué factores se asocian a morir en casa y cómo influyen las disparidades en el acceso a servicios de salud.
Lo que encontró la investigación
Los resultados muestran que el lugar de muerte varía significativamente entre países y está determinado por tres grandes factores: las disparidades en el acceso a los servicios de salud, los valores socioculturales de cada comunidad y la organización de los sistemas de salud.
Entre los factores asociados a morir en casa destacan la edad avanzada y un nivel educativo bajo. Eso no significa que morir en casa sea necesariamente mejor o peor — significa que quienes tienen menos recursos y menos acceso al sistema de salud terminan falleciendo fuera de él.
Lo que estos datos significan para la región
Para América Latina, el hallazgo tiene implicaciones directas de política pública. Conocer dónde muere la gente y por qué permite identificar brechas en la atención paliativa, diseñar mejores sistemas de acompañamiento al final de la vida y tomar decisiones más informadas sobre la distribución de recursos sanitarios.
En una región donde el acceso a cuidados paliativos sigue siendo profundamente desigual, este tipo de evidencia es exactamente lo que los sistemas de salud necesitan para mejorar la calidad de vida — y de muerte — de sus ciudadanos.
Link de la publicación: https://www.ssph-journal.org/journals/public-health-reviews/articles/10.3389/phrs.2026.1609006/full


