El investigador de la UDLA Byron Bustamante Granda, en colaboración con el Ministerio de Salud Pública del Ecuador y la Universidad Técnica Particular de Loja, publica en Frontiers in Education un estudio que revela cómo el duelo reciente afecta la salud mental de los futuros psicólogos clínicos y qué estrategias los protegen.
Hay una pregunta que pocas universidades se hacen: ¿qué pasa con el estudiante de psicología que tiene que atender pacientes en duelo mientras él mismo acaba de perder a alguien?
El investigador de la Universidad de Las Américas Byron Bustamante Granda, en colaboración con el Ministerio de Salud Pública del Ecuador y la Universidad Técnica Particular de Loja, publicó en la revista Frontiers in Education un estudio que analiza exactamente eso — cómo el duelo reciente afecta la salud mental de estudiantes avanzados de psicología clínica durante sus prácticas supervisadas, y qué estrategias de afrontamiento los protegen o los exponen a mayor riesgo.
Los números que incomodan
El estudio analizó a estudiantes de psicología clínica que realizaban prácticas de teleasistencia durante la pandemia de COVID-19 en todo el Ecuador — uno de los momentos de mayor demanda emocional que ha vivido el sistema de salud mental del país.
Los hallazgos son contundentes: el 30.5% de los estudiantes reportó haber perdido recientemente a un ser querido mientras realizaba sus prácticas. Y esa pérdida tiene consecuencias directas y medibles: el duelo se asocia con mayor riesgo de ansiedad e insomnio — dos síntomas que comprometen directamente la capacidad de atender a otros.
Lo que protege y lo que daña
El estudio no solo identifica el problema — también distingue con precisión qué estrategias de afrontamiento funcionan y cuáles no.
Factores de riesgo: la autoculpa emerge como el principal detonante de malestar en ambos grupos — con o sin duelo reciente. Estrategias evitativas como el consumo de sustancias y la desconexión conductual también amplifican el sufrimiento.
Factor protector: la aceptación es el único factor que mostró un efecto protector significativo en estudiantes que atravesaban un duelo. No la búsqueda de apoyo, no el optimismo forzado — sino la capacidad de aceptar lo que está ocurriendo sin huir de ello.
Este hallazgo tiene implicaciones directas para la formación universitaria: incluso estrategias que parecen saludables, como buscar apoyo emocional, pueden no ser suficientes si no van acompañadas de procesos adaptativos más profundos.
Una deuda que el sistema de salud tiene con sus propios formadores
Para Ecuador y América Latina, el mensaje es urgente: muchas universidades no están preparadas para acompañar emocionalmente a estudiantes de profesiones altamente demandantes como psicología o medicina — especialmente cuando atraviesan pérdidas personales al mismo tiempo que realizan prácticas clínicas.
El estudio propone tres cambios concretos: integrar la educación sobre el duelo en la formación universitaria, fortalecer modelos de supervisión clínica con enfoque restaurativo, y promover estrategias basadas en la aceptación y la flexibilidad psicológica.
Invertir en la salud mental de quienes se forman para cuidar la salud mental de otros no es solo una decisión ética. Es una decisión estratégica: impacta directamente en la calidad de atención que ofrecerán en el futuro.
Lee la publicación completa: https://www.frontiersin.org/journals/education/articles/10.3389/feduc.2026.1771938/full


