Jeniffer Rubio, investigadora de la Universidad de Las Américas, publicó en Sustainability el primer estudio microeconómico comparativo sobre pagos digitales y uso de efectivo en 17.498 adultos de América Latina y el Caribe.
En Ecuador y en toda América Latina, el efectivo sigue dominando las transacciones del día a día. Pero algo está cambiando y ahora hay datos concretos para medirlo.
Jeniffer Rubio, investigadora de la Universidad de Las Américas, junto a la también investigadora de la UDLA Ana Belén Tulcanaza-Prieto, analizaron datos de 17.498 adultos en 18 países de América Latina y el Caribe para responder una pregunta concreta: ¿usar pagos digitales realmente reduce el uso de efectivo?
La respuesta es sí y el efecto es mayor de lo que se esperaba.
Lo que encontró la investigación
Usar pagos digitales reduce en 9,17 puntos porcentuales la probabilidad de usar efectivo. Y ese efecto se mantiene sin importar el nivel de ingresos, la edad, el género, el nivel educativo, o si la persona vive en zona rural o urbana.
Eso es relevante porque rompe un prejuicio común: que los pagos digitales solo benefician a quienes ya tienen más acceso. Los datos muestran que la reducción en el uso de efectivo ocurre en todos los grupos socioeconómicos, incluso entre quienes no tienen acceso a internet.
Otros hallazgos del estudio:
- Las personas con menos educación, mayor edad y sin acceso a internet son las más dependientes del efectivo
- Las diferencias por nivel de ingresos son menos pronunciadas de lo esperado
- El acceso a internet reduce en 7,4 puntos porcentuales la probabilidad de usar efectivo
¿Por qué importa para Ecuador?
Ecuador aparece en el grupo de países con digitalización financiera intermedia junto a Colombia, Perú, Jamaica, Paraguay y México. El 56,8% de los ecuatorianos encuestados reportó haber usado pagos digitales en 2021, mientras que el 35,6% todavía usa efectivo de manera predominante.
Los datos sugieren que la expansión de pagos digitales puede contribuir a una mayor inclusión financiera, pero solo si va acompañada de políticas que reduzcan las brechas de conectividad, educación financiera y confianza en los canales digitales.
Lee la investigación completa: https://www.mdpi.com/2071-1050/18/10/5172


