Los bosques tropicales tienen una alta capacidad de regeneración: investigadores de la UDLA lo prueban en Nature, la revista científica más importante del mundo
María José Endara, Sebastián Escobar y Juan Ernesto Guevara-Andino contribuyeron al estudio internacional más completo sobre resiliencia de bosques tropicales jamás realizado. La investigación ya es noticia en Europa.
¿Pueden los bosques tropicales recuperarse después de ser destruidos? La respuesta, por primera vez con evidencia empírica a gran escala, es sí.
Los investigadores de la Universidad de Las Américas María José Endara, Sebastián Escobar y Juan E. Guevara-Andino forman parte del equipo internacional que publicó este hallazgo en Nature — la revista científica más prestigiosa del mundo — junto a 41 investigadores de más de 30 universidades e instituciones de Alemania y Ecuador.
Los bosques tropicales tienen más resiliencia de lo que previamente se pensaba
El estudio, liderado por el grupo de investigación Reassembly financiado por la Fundación Alemana para la Investigación Científica, analizó la regeneración natural de más de 8.500 especies de 17 grupos de organismos distintos en el noroeste de Ecuador, una de las zonas con mayor biodiversidad del planeta dentro de la región del Chocó.
El hallazgo supera las expectativas científicas previas: para algunos grupos de organismos como mamíferos, aves frugívoras, ranas, abejas y hormigas, en el lapso de 30 años se pueden recuperar el 90% de la diversidad de especies que se pueden encontrar en un bosque primario. La regeneración es especialmente notable en plantaciones de cacao, donde la presencia de árboles de sombra acelera la recuperación del ecosistema.
“Los bosques tropicales, como ecosistemas complejos y comunidades ricas en especies, tienen una resiliencia asombrosa y la capacidad de volver a su estado original”, señala el estudio publicado en Nature.
El aporte de la UDLA: más de 7.600 individuos y 560 especies de árboles monitoreados, un resultado histórico
La contribución de los investigadores de la UDLA fue determinante. Endara, Escobar y Guevara-Andino lideraron el trabajo para el monitoreo de las especies de árboles — un esfuerzo masivo que tomó más de un año y medio — debido a la topografía compleja y altísimos niveles de diversidad de la región. El trabajo de campo y el muestreo fue liderado por Guevara-Andino.
“El desafío de censar más de 7.600 árboles en una zona con topografía compleja y altos niveles de diversidad y endemismo nos llevó a combinar métodos estándar de identificación taxonómica con técnicas de código de barras genético y herramientas bioinformáticas”, señala Guevara-Andino.
La investigadora Endara destaca la dimensión más profunda del hallazgo:
“El preservar estos bosques nos brinda la oportunidad de entender mejor cuáles son los procesos ecológicos y evolutivos que permiten o limitan la capacidad de recuperación de estos sistemas”, afirma.
La naturaleza tiene sus propios mecanismos
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es el rol de los animales en la regeneración del bosque. Murciélagos, monos, aves y escarabajos son los protagonistas invisibles de este proceso: dispersan semillas, polinizan y entierran los nutrientes que permiten que nuevos árboles crezcan en zonas deforestadas.
“Es una situación win-win: los animales tienen alimento nutritivo, los árboles pueden expandirse”, explica Escobar. “Es asombroso. Saber que 30 años son suficientes le da un cronograma a otros proyectos de conservación en el mundo.”
Estas declaraciones del investigador de la UDLA fueron recogidas por Tagesschau — el informativo más visto de Alemania y uno de los medios de comunicación más importantes de Europa — que cubrió el estudio el mismo día de su publicación en Nature.
Una advertencia que Ecuador no puede ignorar
El estudio también lanza una alerta urgente: la regeneración natural solo funciona mientras existan bosques suficientemente intactos en el paisaje. Cada año se pierden entre 4 y 6 millones de hectáreas de bosques tropicales en el mundo — casi la misma superficie que todas las medidas de renaturalización a largo plazo juntas.
Para Ecuador, donde el noroeste alberga algunos de los últimos remanentes de bosque primario del Chocó, este estudio no es solo un logro científico. Es una hoja de ruta para las políticas de conservación del país.
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