Tatiana Arias, investigadora de la Universidad de Las Américas, lideró como autora de correspondencia el primer estudio con datos propios sobre cómo los científicos latinoamericanos en la diáspora perciben las desigualdades Norte-Sur en la ciencia y qué proponen para cambiarlas.
Cuando un científico latinoamericano se va a trabajar a Stanford, a Zurich o a Michigan, la pregunta siempre es la misma: ¿se fue para siempre o puede volver a aportar a su país de origen?
Durante décadas, la respuesta fue “fuga de cerebros”, una pérdida neta para la región. Pero un estudio publicado en Frontiers in Research Metrics and Analytics, liderado desde Ecuador, propone una respuesta diferente: lo que parece una fuga puede convertirse en circulación, si existen las condiciones para mantener los vínculos.
Tatiana Arias, investigadora del grupo BIOMAS de la Universidad de Las Américas, participó como autora de correspondencia junto a un equipo de investigadoras latinoamericanas afiliadas a instituciones de Ecuador, Brasil, Colombia, Chile, Trinidad y Tobago y Estados Unidos — incluyendo Stanford University, Missouri Botanical Garden, University of Zurich, Michigan State University, University of Oregon y UT Southwestern Medical Center.
¿Qué respondieron los 107 científicos?
El estudio encuestó a 107 investigadores latinoamericanos, la mayoría mujeres, la mayoría afiliados a instituciones del Sur Global. Y las desigualdades que identificaron son concretas:
Más del 85% señaló que los sistemas de publicación científica favorecen el inglés y tienen costos inaccesibles para investigadores del Sur. El 85% reportó barreras para el avance profesional. Y el 88% identificó restricciones de visa y movilidad como obstáculos reales para participar en la ciencia global.
Las mujeres reportaron niveles más altos de desigualdad que los hombres en casi todas las dimensiones medidas.
La respuesta que nadie esperaba
Pese a todo eso, más del 80% de los encuestados ve a la propia diáspora como la mejor solución. No la política gubernamental. No los organismos internacionales. Los mismos científicos que salieron — si se mantienen conectados con sus países de origen — son quienes pueden transformar la relación Norte-Sur en la ciencia.
Un científico latinoamericano en Harvard que publica con colegas en Quito, que mentora estudiantes desde afuera, que abre puertas de financiamiento internacional, ese no se fue. Se convirtió en un puente.
Qué propone el estudio para Ecuador y la región
El estudio es claro: para que la circulación de cerebros funcione, se necesitan reformas concretas en seis áreas — movilidad y acceso, financiamiento, equidad en la colaboración, publicación científica, mentoría y diplomacia científica.
Para Ecuador, el mensaje es directo: el talento que sale del país no tiene por qué perderse si existen condiciones institucionales para mantener los vínculos y reconocer las contribuciones de quienes trabajan desde afuera.
Lee la investigación completa: https://www.frontiersin.org/journals/research-metrics-and-analytics/articles/10.3389/frma.2026.1852571/full


