Tres toneladas de dióxido de carbono por habitante cada año: esa es la huella que genera Quito en la atmósfera. Un dato que invita a reforzar acciones y acelerar esfuerzos para avanzar hacia un futuro más sostenible.
La capital ecuatoriana genera 7.611.216 toneladas de CO₂ anuales, según datos de la Secretaría de Ambiente del Distrito Metropolitano de Quito, lo que representa alrededor de tres toneladas por ciudadano al año. La cifra supera el promedio nacional, Ecuador registra 2,52 toneladas métricas de CO₂ per cápita, según datos oficiales de 2023. En el inventario de gases de efecto invernadero de 2021, el 51% de las emisiones de Quito proviene del transporte, lo que convierte a la movilidad urbana en el principal foco de impacto ambiental.
En ese escenario, el debate sobre la reducción de emisiones ha comenzado a trasladarse hacia un punto clave: medir y transparentar la huella de carbono institucional, como primer paso para reducirla. Bajo este enfoque, la Universidad de Las Américas (UDLA) obtuvo la Certificación de Reducción de Huella de Carbono del programa Ecuador Carbono Cero, con alcance organizacional en sus campus Park, Granados y Colón, en Quito, correspondiente al año 2023.
Entre las acciones implementadas se incluyen sistemas de eficiencia energética como luminarias LED, paneles fotovoltaicos, automatización de iluminación, tratamiento de aguas residuales y programas de reciclaje, y clasificación de residuos. También se han desarrollado iniciativas de movilidad sostenible y conservación de espacios ecológicos dentro del entorno urbano.
Como lo menciona Karen Pérez, jefa de Gestión Ambiental, “este tipo de certificaciones no debe leerse únicamente como un reconocimiento institucional, sino como un síntoma de un cambio de presión. El cambio climático está dejando de ser un tema ambiental abstracto para convertirse en un desafío directo de gestión pública, competitividad y sostenibilidad urbana.”
Quito enfrenta una cifra que trasciende lo ambiental, más de 7,6 millones de toneladas de CO₂ al año reflejan un desafío con impacto en la salud, la infraestructura y la calidad de vida. Más que una pregunta, este es un momento para que instituciones, sector privado y ciudadanía sumen esfuerzos y aceleren acciones que permitan construir un futuro sostenible para la ciudad.



