Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), aproximadamente 2,2 mil millones de personas en el mundo carecen de acceso a agua potable segura. En un escenario donde el cambio climático y el crecimiento poblacional agravan la crisis hídrica, la necesidad de una gestión responsable nunca ha sido más urgente.
En Quito, el consumo per cápita de agua es significativamente superior a las recomendaciones internacionales. De acuerdo con la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (EPMAPS), el consumo promedio es de entre 137 y 146 litros por persona al día, superando los 100 litros sugeridos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). En épocas de alta demanda, este consumo puede llegar a los 250 litros por persona, lo que refleja una gestión ineficiente del recurso.
En el ámbito académico, diversas instituciones están tomando la iniciativa. Un ejemplo relevante es la Universidad de Las Américas (UDLA), que ha implementado una serie de medidas innovadoras para optimizar el uso del agua en sus instalaciones. “La clave está en la eficiencia y en la innovación tecnológica. No se trata solo de reducir el consumo, sino de asegurar que el agua que utilizamos sea tratada y reutilizada de manera efectiva”, señala Yasser Alejandro González, director académico de Ingeniería Ambiental UDLA.
La universidad ha logrado reducir el consumo de agua en su campus UDLA Park en un 64%, y en UDLA Arena en un 53%, gracias a la incorporación de tecnologías inteligentes que permiten monitorear y controlar el uso del agua. Además, la implementación de una Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) ha permitido la reutilización del 100% del agua tratada para riego y mantenimiento de áreas verdes, tratando más de 20,000 m³ de aguas residuales.
Otra de las iniciativas impulsadas por la universidad es el informe sobre los cuerpos de agua del Chocó Andino, desarrollado por la carrera de Ingeniería Ambiental de la UDLA. El estudio evidenció que la calidad ecológica de los ríos de la región se deteriora a medida que aumentan las presiones de actividades humanas como la agricultura, la ganadería y la expansión urbana. Los resultados refuerzan la necesidad de implementar sistemas de monitoreo permanente que permitan anticipar impactos y proteger estos ecosistemas estratégicos.
La gestión responsable del agua es un desafío global que requiere la colaboración de todos los sectores. Como se ha visto en la UDLA, la implementación de tecnologías innovadoras, la educación ambiental y la investigación científica son claves para hacer frente a los retos hídricos del siglo XXI. Sin embargo, el compromiso debe ser más amplio, involucrando tanto a gobiernos como a la sociedad civil.
La sostenibilidad hídrica depende de decisiones responsables hoy para garantizar un futuro en el que todos tengamos acceso a agua limpia y segura. En este sentido, cada acción cuenta.



